trastornos de la conducta alimentaria oviedo

¿Por qué como por ansiedad?

Muchas personas se hacen esta pregunta en silencio, acompañadas de un paquete de galletas a medio acabar o tras otro atracón frente al televisor. Comer por ansiedad es una experiencia común, aunque muchas veces viene acompañada de culpa, vergüenza y confusión
Pero, ¿realmente entendemos lo que está pasando dentro de nosotros cuando buscamos comida sin tener hambre?
Con este articulo voy a intentar ayudarte a comprender qué papel juegan tus emociones en tu relación con la comida, y por qué aceptar lo que sientes y aprender a estar con tus emociones sin intentar que “se quiten”, puede ser el primer paso para sanar.
La comida no es solo una fuente de nutrición. Desde el momento en que nacemos también nos aporta calma, afecto y conexión. Con el tiempo, hemos aprendido a utilizarla como una forma de socialización: celebramos con ella las buenas noticias y la compartimos en los días un poco más grises. Por eso no resulta extraño que, frente al estrés, la tristeza, el aburrimiento o la ansiedad, muchas personas recurran a la comida en busca de consuelo. Comer en estos momentos se convierte en una vía rápida de alivio, aunque sea temporal.
¿Significa esto que estás haciendo algo mal? No necesariamente. De hecho, es completamente humano usar la comida como regulador emocional. Si te fijas, la comida está presente en las buenas y las malas noticias de nuestra vida.
El problema aparece cuando se convierte en la única herramienta para lidiar con lo que sentimos. Y, sobre todo, cuando nos sentimos demasiado abrumados por lo que sentimos porque nos faltan estrategias para sostener el malestar. Cuando esto nos ocurre con frecuencia puede desencadenar atracones, lo que inevitablemente conlleva malestar físico y una profunda sensación de culpa y vergüenza.

¿La ansiedad es una emoción?

Sí, la ansiedad es una emoción, aunque con frecuencia la tratamos como un problema que hay que eliminar de inmediato. La ansiedad surge como una señal de que algo nos preocupa, nos inquieta o nos asusta. Puede activarse por situaciones externas, como una sobrecarga de trabajo o una discusión, o internas, como pensamientos catastróficos o pensamientos negativos sobre nosotros mismos.
Esto último es importante porque los pensamientos sobre nosotros mismos puede ser fuente de malestar, culpa y ansiedad, lo cual nos puede llevar a otro atracón.
No es una emoción “mala”. El problema es que nos han enseñado a huir de ella, a taparla, a no sentirla. Y una forma muy efectiva de no sentir ansiedad es… comiendo. Comer activa nuestro sistema de recompensa lo cual nos aporta una sensación momentánea de control y tranquilidad.

Entonces, ¿por qué comer me calma la ansiedad?

¡Porque funciona! Al menos en el corto plazo. Cuando comemos, especialmente alimentos ricos en azúcar o grasa, el cerebro libera dopamina, una sustancia que genera placer. Esa descarga momentánea ayuda a “apagar” el malestar emocional, aunque sea por un rato.
Pero como el origen de la ansiedad no ha desaparecido, el malestar vuelve y con el la necesidad de volver a acallarlo con más comida. Además, al malestar que ya traíamos se le añade culpa y vergüenza por habernos dado otro atracón. Así se forma un ciclo difícil de romper:

ansiedad → comida → alivio temporal → culpa → más ansiedad → otro atracón
Además, cuando tratamos de combatir la ansiedad sin otras formas para autorregularnos, la comida se convierte en una solución accesible e inmediata. Y si no reconocemos que estamos lidiando con emociones, terminamos enfocándonos solo en “controlar la comida”, sin entender que la raíz sigue estando ahí.

Por otro lado, la culpa y la vergüenza que se siente tras un atracón aumentan los pensamientos negativos sobre nosotros mismos, lo que conlleva aún más ansiedad y malestar. Estamos comprando todas las papeletas para volver a darnos otro atracón.

Aceptar lo que sientes es parte de la solución

La clave no está en dejar de comer por ansiedad de forma radical, sino en ampliar nuestro repertorio emocional. La comida puede ser un regulador más, pero no el único. Puedes hacerte preguntas como:
  • ¿Qué estoy sintiendo realmente?
  • ¿Estoy aburridx, me siento solx, cansadx?
  • ¿Qué necesito en este momento, además de comida?
Validar tus emociones y buscar maneras alternativas de afrontarlas —como hablar con alguien, escribir, caminar o buscar ayuda profesional— ayuda a reducir la intensidad del impulso de comer y a mejorar la relación con la comida y con nosotros mismos.

Cómo combatir la ansiedad en casa sin recurrir solo a la comida

Cuando la ansiedad aparece, es habitual buscar alivio inmediato, y la comida puede convertirse en una de las formas más rápidas de calmar el malestar. Comer no es el problema en sí, pero cuando se convierte en la única estrategia para regular las emociones, suele dejar una sensación posterior de culpa, frustración o pérdida de control. Aprender otras formas de gestionar la ansiedad en casa puede ayudarte a ampliar tus recursos y a cuidarte de una manera más amable.

Una de las primeras claves es detenerse y poner nombre a lo que ocurre. Preguntarte “¿qué estoy sintiendo ahora?” o “¿qué necesito en este momento?” ayuda a diferenciar el hambre física del hambre emocional. A veces, lo que el cuerpo pide no es comida, sino descanso, calma, compañía o alivio emocional.
Las técnicas de respiración consciente pueden ser muy útiles para bajar la activación del sistema nervioso. Respirar lento y profundo, llevando el aire al abdomen durante unos minutos, ayuda a reducir la sensación de urgencia y a crear un pequeño espacio antes de actuar. No se trata de eliminar la ansiedad, sino de hacerla más manejable.
El movimiento suave también puede ayudar a descargar tensión: estirarte, caminar por casa, salir a dar un paseo corto o hacer ejercicios corporales tranquilos puede cambiar el foco mental y conectar con el cuerpo desde un lugar menos exigente. No es ejercicio para “compensar”, sino para liberar energía acumulada.
Otra estrategia importante es buscar regulación a través de los sentidos. Escuchar música que te calme, darte una ducha caliente, usar una manta, encender una vela o escribir lo que estás sintiendo puede aportar contención emocional. Estas pequeñas acciones envían al cuerpo el mensaje de que está a salvo.
Por último, es importante recordar que regular la ansiedad no significa hacerlo perfecto ni dejar de comer cuando apetece. Se trata de ampliar el abanico de opciones y aprender a escucharte con más compasión. Si la ansiedad y la relación con la comida se vuelven difíciles de manejar, pedir ayuda profesional puede marcar una gran diferencia.

Cuando la comida es el último refugio

Es natural que la comida calme, y no hay nada malo en eso. Pero cuando es tu único refugio emocional es importante revisar qué está faltando en tu vida. ¿Tienes espacio para sentir? ¿Cuestas con apoyo emocional? ¿Tienes tiempo para ti?
Solucionar la ansiedad no significa eliminarla por completo, sino aprender a convivir con ella desde un lugar más amable. Al hacerlo, comer deja de ser un escape y se convierte en una elección más consciente.
Conclusión: Comer por ansiedad no es un signo de debilidad, sino una señal de que estás intentando sentirte mejor de la forma que conoces. Aceptar tus emociones, ampliar tus recursos y tratarte con compasión son pasos fundamentales para reducir los atracones y sanar la relación con la comida. No se trata de controlar todo, sino de aprender a acompañarte en lo que sientes.
Si vives en Oviedo o en Asturias y sientes que los atracones o el comer por ansiedad están afectando a tu bienestar, no tienes por qué afrontarlo solo/a. Puedo acompañarte en este proceso desde un espacio seguro, cercano y sin juicio, para ayudarte a comprender qué hay detrás de estas conductas y aprender formas más amables de gestionar la ansiedad. Pedir ayuda es un primer paso importante para recuperar una relación más tranquila con la comida y contigo mismo/a.
Ennoia Psicología
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